viernes, 21 de agosto de 2009

El exterior de mi habitación


Se siente frío y calido a la vez, Un soplido de amargura pasa por debajo de mí.
Quiero arrancar de la hielera, pero me pertenece. Sin ella me sentiria más vacía de lo que el lugar congelado esta.
Se siente calidez por otra parte, acojedor, por un instante, luego todo inverna de nuevo.
El ruido ajeno sin importancia comienza a desaparecer, cada vez más rápido. Mi mente se concentra en lo que hago, pero por un instante olvido todo y gritos vienen a mi mente, gritos que anuncian el paso del tiempo, tan veloz e incorregible.
El maldito reloj hace pensar en que no hay vuelta atrás, los soplidos que mandaba la casa comienzan a desaparecer y el tick-tack toma toda mi atención.
Los crujidos son ni más ni menos que la marca de los días, es algo que te pone los pies en la tierra, por un momento.

1 comentario: